
Adaptar Silent Hill 2 al cine era meterse en un jardín del que es muy difícil salir ileso. Estamos hablando de lo que muchos consideramos la obra maestra absoluta del terror psicológico en los videojuegos. Por eso, al sentarme a ver Return to Silent Hill, iba con el corazón en un puño. Lamentablemente, mis peores sospechas se confirmaron nada más comenzar la proyección: la película tiene buena fachada, pero muy poco fondo.
Aviso: Esta crítica puede contener spoilers sobre la trama y el desarrollo de la película y el videojuego en el que se basa.
Empecemos por lo bueno, porque lo hay. Si algo no se le puede echar en cara a la película es su apartado visual, que raya a buena altura. La fotografía es muy notable y logra captura esa atmósfera opresiva y sucia que tanto nos gusta. Los efectos, el diseño de las criaturas y la forma en que la ciudad se manifiesta en pantalla están bien conseguidos y creo que agradará a los fans. Se nota que hay respeto por el legado de Team Silent. Pero claro, una película no puede vivir de sus logros visuales o el diseño de los monstruos, y es aquí donde todo se desmorona.
El gran fallo de la cinta es su narrativa atropellada. No es que hayan querido meter mucho en poco tiempo, es que lo que han hecho está mal contado. Las escenas se suceden de forma inconexa y los cambios entre el mundo de niebla y el de pesadilla son erráticos; no se entiende realmente qué está pasando ni hay una lógica clara a pesar de los intentos de la película de explicarse a sí misma.
Da la sensación de que han priorizado contentar al jugador con referencias visuales antes que construir una historia coherente. Al final, es un desfile de momentos para fans nada conseguido, que no se sostiene por sí mismo y que deja al espectador más confundido que aterrado.
Lo más sangrante es cómo han ninguneado a los secundarios. En el juego, personajes como Eddie eran espejos de la oscuridad humana y representaban temas durísimos. Aquí, son meros adornos. Aparecen y desaparecen sin ningún peso; te olvidas de ellos a los dos minutos porque no tienen ninguna repercusión en la trama.
Pero el mayor error está en el tono. La película parte de un enfoque demasiado romántico que elimina la complejidad y la humanidad oscura de James. Mientras que el juego es un viaje de culpa y castigo, la película parece querer justificar los actos del protagonistas en lugar de condenarlos.
Al intentar venderlo como una tragedia romántica, suavizan lo que James hizo y le roban al espectador la oportunidad de enfrentarse a un personaje verdaderamente roto y moralmente ambiguo. Nos han dado un envoltorio atractivo, pero dentro han vaciado el alma de la historia para que sea más «digerible». Una auténtica oportunidad perdida.



