Análisis de ‘Castlevania: Belmont’s Curse’: El glorioso renacimiento del icono gótico de Konami

Análisis de 'Castlevania: Belmont's Curse': El glorioso renacimiento del icono gótico de Konami

Durante varios años Konami pareció estar a otra cosa. Todavía recordamos con cierto dolor aquellas máquinas de pachinko de Metal Gear. Algunos opinaban que nunca iba a regresar. Otros estábamos seguros de que estaba rearmándose. Primero golpeó con los remakes de Metal Gear Solid 3 y Silent Hill 2. Pero, claro, los juegos de base ya eran magníficos. Luego llegaron Silent Hill f y Silent Hill Townfall para marcar el camino. Con Castlevania: Belmont’s Curse han completado su regreso triunfal.

Ha pasado más de una década en la que la saga Castlevania ha estado dormida. Terminó con polémica con Lords of Shadow 2, lejos de las tradicionales entregas en dos dimensiones. Con los años, Konami nos ha ido recordando la saga a través de varios recopilatorios. O incluso en consolas como las ediciones ‘mini’ de Super Nintendo y Mega Drive, donde aparecían Super Castlevania IV o el no menos fantástico Castlevania: The New Generation. Sin embargo, las esperanzas de ver un título completamente original parecían haberse perdido.

Afortunadamente, durante la larga ausencia de Castlevania, el género ha estado en buenas manos. Podría hablar largo y tendido de las bondades de títulos como los Blasphemous, Hollow Knight, Prince of Persia: The Lost Crown o el que ha intentado ser el sucesor espiritual de la saga: Bloodstained. Sin embargo, no lo voy a hacer por falta de espacio y porque no quiero alargar esta introducción demasiado. Además, ya soy bastante injusto mencionando solo estos títulos habiendo tantos y tan buenos.

Castlevania: Belmont’s Curse, el legado de Rose Belmont

Castlevania: Belmont’s Curse existe básicamente por culpa de Dead Cells, que no es exactamente un metroidvania, pero que tuvo una expansión llamada Return to Castlevania que llamó tanto la atención de Konami que decidieron, con buen tino, que serían los encargados de crear una nueva entrega. Evil Empire ha sido la encargada de llevarla a cabo junto a Motion Twin, creadores del Dead Cells original, como estudio de apoyo.

El juego se posiciona cronológicamente 23 años después de los acontecimientos narrados en Castlevania III: Dracula’s Curse. La trama nos lleva a las calles del París de 1499, una ciudad asolada por la trágica presencia de fuerzas del mal tras el resurgimiento de Drácula, ¿quién si no? Tomamos rápidamente las riendas de la situación con Rose Belmont, tras comenzar brevemente con Trevor, su padre.

Rose es una cazadora valiente e intrépida, marcada desde su nacimiento por la maldición de Drácula y que se culpa del fallecimiento de su madre, Sypha Belnades. A diferencia de su padre, dominador de la fuerza física, Rose ha heredado una mística baraja del tarot de Sypha. Y esta es una de las principales novedades en la saga.

Rose podrá utilizar la baraja de su madre para capturar las almas y arcanos de los monstruos caídos en combate durante todo el juego. Todos ellos mantendrán un breve diálogo con ella tras su derrota, que servirá para ampliar el lore y la mitología de la franquicia. No quiero desvelar nada, pero algunos de ellos se integran a la perfección, no solo en el legado familiar de los Belmont, sino en la propia historia francesa. Las cartas darán diferentes habilidades a Rose y será el jugador quien decida cuál utilizar en cada momento. Son muy importantes de cara al enfrentamiento final.

Acrobacias, plataformas y el látigo arcano

Análisis de 'Castlevania: Belmont's Curse': El glorioso renacimiento del icono gótico de Konami

Por supuesto, el combate es el pilar fundamental de Castlevania: Belmont’s Curse. Es exigente y duro. Sin embargo, las fases de plataformas y la navegación por el mapa se erigen como los aspectos mejor logrados del juego. Rose reconfigura la movilidad tradicional de la saga con el látigo arcano. El látigo, el arma clásica de Castlevania, aquí es usado también como gancho para permitir a la protagonista engancharse a argollas fijas, diferentes puntos de apoyo e incluso a los propios enemigos. El desplazamiento original de la saga se transforma en una experiencia extraordinaria y muy dinámica.

Voy a ser muy sincero. He disfrutado muchísimo más explorando el mapa que con los combates. No quiero hacer de menos a los increíbles y tensos momentos de lucha, pero Belmont’s Curse ha rediseñado tan bien la exploración con un arma clásica de la saga que merece ser ensalzada como el mejor elemento de toda la aventura.

El diseño de niveles hace gala de un refinamiento superlativo. Propone intrincados puzles llenos de saltos, rebotes en paredes, suelos colapsables y esquivas en el momento justo en caminos llenos de trampas mortales. Se exige al jugador reflejos acrobáticos coordinados al milímetro, tanto con giros en el aire como con impulsos gracias al látigo. No solo hay que tener en cuenta los elementos de apoyo ya construidos en el mapa, sino que los enemigos serán parte fundamental para atravesar ciertos puntos.

Exigencia implacable con dificultad regulable

Konami pide a los jugadores que jueguen en el nivel de dificultad por defecto, aunque en Castlevania: Belmont’s Curse no hay un selector de dificultad como tal. Es un juego de dificultad extrema. Para quienes no disfrutéis de este tipo de títulos, en principio, no recomendaría que os acercarais a él, por muy increíble que me parezca. Los enemigos comunes cuentan con patrones agresivos que castigan rápidamente el desacierto del jugador. Los escenarios están plagados de peligros que restan una gran porción de vida en un instante y los combates con los jefes requieren dominar por completo todas las habilidades de Rose.

Sin embargo, los desarrolladores han implementado algo distinto para los jugadores que no deseen complicarse tanto. En las opciones del juego, en lugar de los niveles de dificultad tradicionales (normal, fácil, difícil), encontramos una completa personalización. Cada jugador podrá ajustar la experiencia a su gusto, modificar el porcentaje de daño infligido o recibido, incrementar el número de pociones de salud incorporadas e incluso habilitar el punto de reaparición justo enfrente de la puerta de los jefes. Porque, todavía no lo había dicho, el juego tiene diferentes puntos de guardado esparcidos por el mapa en los que reapareces tras morir. El respawn no es en el punto exacto de la caída.

Los ajustes de dificultad pueden convertir el juego en algo demasiado sencillo, y es una experiencia que no voy a recomendar, pero no voy a hacerme el ofendido ni mucho menos. Agradezco infinitamente este tipo de ayudas para que cada jugador disfrute como desee del juego. Prefiero mil veces este tipo de ajustes que los selectores de dificultad tradicionales, cuyos niveles nunca se ajustan del todo a las preferencias de cada jugador.

Análisis de 'Castlevania: Belmont's Curse': El glorioso renacimiento del icono gótico de Konami

Identidad artística impecable

El apartado estético de Castlevania: Belmont’s Curse merece todo lo bueno que se pueda decir de él. Su desarrollo acierta al combinar en dos dimensiones elementos tridimensionales con ilustraciones y fondos dibujados a mano. La ambientación por las calles parisinas y el resto de escenarios es brutal; nos lleva a un entorno macabro lleno de detalles. La iluminación nos regala momentos mágicos: destaca su color rojizo, que tanto agrada al mismísimo conde Drácula, y sus momentos de contraluz, donde Rose se convierte en una silueta para luchar en la penumbra.

No obstante, si algo me ha enamorado por completo, ha sido el extraordinario trabajo sonoro. La banda sonora fusiona elementos tradicionales de época con música electrónica más contemporánea. El resultado alcanza cotas memorables, con reinterpretaciones fabulosas de los temas legendarios de la saga. El juego no está doblado al español, pero sí está subtitulado.

Castlevania está en buenas manos

Después de esperar años el regreso de la saga, Castlevania: Belmont’s Curse no solo ha cumplido, sino que la ha llevado más allá. Había que estar a la altura para honrar a uno de los juegos que creó todo un género, y no han fallado. El legado más gótico de Konami se encuentra en buenas manos.

El título es una de las obras más destacadas de todo su género y es un capítulo imprescindible a la altura de los mejores exponentes de la popular franquicia, que cumple 40 años. Su exploración acrobática da la frescura necesaria y su apartado artístico brilla deslumbrante por encima de todo. Es un juego imprescindible tanto para los amantes de la saga como para los que buscan un desafío, incluso para aquellos que prefieran no sufrir tanto ajustando los parámetros de dificultad. Lo dicho: Castlevania ha vuelto y lo ha hecho por todo lo alto.

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