La industria del videojuego sigue dándonos noticias catastróficas. Cuanto más intentamos ver su lado positivo, más nos golpean con dureza las decisiones de los directivos, que, tras una generación espantosa, se dedican a cerrar estudio tras estudio. El último en caer ha sido Bluepoint Games, especialistas en remakes que nos trajeron auténticas maravillas como el de Demon’s Souls, que abría, precisamente, la presente generación de consolas.
La noticia ha sido adelantada por el prestigioso periodista Jason Schreier en su cuenta de Bluesky y ampliada a través de un artículo suyo en Bloomberg. Sony ha decidido cerrar el estudio, en el que aproximadamente 70 empleados perderán su trabajo.
«Bluepoint Games es un equipo increíblemente talentoso y su habilidad técnica ha brindado experiencias excepcionales para la comunidad de PlayStation», explica un portavoz de la compañía japonesa. «Les damos las gracias por su pasión, creatividad y artesanía».
El estudio fue fundado en 2006 y es conocido por realizar remakes y remasterizaciones de gran calidad de juegos como Uncharted o Shadow of the Colossus para plataformas más modernas. Sony adquirió Bluepoint poco después del lanzamiento de Demon’s Souls en PlayStation 5 y estuvo trabajando en God of War Ragnarök.
Bluepoint y el juego como servicio de God of War
Sony le encargó entonces trabajar en un juego como servicio basado en God of War, y eso fue el primer clavo en el ataúd del estudio. Este título se canceló en enero de 2025 y, desde entonces, se desconocía en qué estaba involucrado Bluepoint. Al menos hasta ahora, un año después, cuando nos llega la lamentable noticia de su cierre.
La apuesta de la actual generación de Sony por los juegos como servicio ha sido una auténtica tragedia para los principales estudios de videojuegos y, por supuesto, para los jugadores. Hemos tenido desastres como el de Concord y varias cancelaciones. Los jugadores echan en falta los potentes títulos narrativos referentes en PlayStation, y las decisiones tomadas en los despachos no solo los han enterrado, sino que han hipotecado el futuro de la propia compañía.



