Argentina derrotó a una voluntariosa Japón en el segundo partido de la Kings World Cup. El encuentro fue, probablemente, el peor de lo que llevamos de Mundial y, en cualquier caso, los nipones no tuvieron suerte de cara al gol.
Los primeros minutos fueron muy igualados. Veníamos de ver una gran sorpresa en el partido anterior, la victoria de Chile frente a Marruecos, y este duelo comenzaba a parecerse a aquel, aunque sin goles en el escalado.
Argentina jugaba sin fluidez. Japón apretaba en la presión, pero a los nipones siempre les ha ocurrido lo mismo en la Kings League: su falta de creatividad en los metros finales. Les cuesta horrores marcar y, en un formato como este, es un talón de Aquiles demasiado pesado.
La Albiceleste tampoco aprovechó una exclusión por tarjeta amarilla. Jugando con uno más, Argentina tuvo alguna ocasión algo más elaborada, pero todos los lanzamientos llegaron desde fuera del área y sin demasiado peligro para la portería rival.
Con ese plomizo 0-0 se llegó al tiempo de gol doble. Fue la peor primera parte disputada hasta el momento en la Kings World Cup. El choque estuvo tan igualado que el resultado al descanso también fue ese desesperanzador empate sin goles.
Afortunadamente, la segunda parte se animó durante el uno contra uno con portero del dado. El formato de la Kings League ofrece estos momentos que permiten escapar del aburrimiento absoluto. Argentina golpeó primero, pero Japón devolvió el golpe y, tras los tres primeros minutos del segundo periodo, el marcador reflejaba un 1-1. Solo quedaba rezar para no volver al tedio.
Las plegarias no fueron escuchadas. En cuanto salieron los siete jugadores por equipo, el bostezo general volvió a ser protagonista. Ninguna de las dos selecciones encontraba el camino del gol. En el minuto 27, Japón se cansó del ritmo del encuentro y activó la carta de penalti presidente, pero ni con esas. Junichi lo lanzó por encima de la portería.
Pasamos a la otra área. Argentina pidió el penalti para su capitán y tuvo mejor suerte. Markito Navaja adelantó a su país con un buen remate. El 2-1 debía provocar que los japoneses se lanzaran a por el empate y, en teoría, que empezaran a aparecer los espacios.
Japón también jugó su carta secreta, una de las novedades más recientes: el penalti inverso. Curiosamente, debía marcar para que el marcador no se moviera. Agata lo tiró al centro mientras el portero argentino se lanzaba a su izquierda. El electrónico no cambió.
Con su última carta, el gol doble, Japón se animó a buscar el tanto. Apretó la presión y llegaron algunas ocasiones. Tímidas, pero ocasiones al fin y al cabo. No le quedaba otra: iba por debajo en el marcador y el tiempo se agotaba. No tuvo suerte.
Argentina se salvó en el matchball gracias al poste y a su guardameta. Japón estrelló dos balones en la madera ante la frustración general de sus jugadores y de su capitán en la cabina. Fue precisamente el portero argentino quien sentenció el partido tras una parada fantástica. Japón mereció mucho más.



