
Voy a escribir estas líneas con profundo pesar. Cuando Xbox lanzó al mercado Game Pass, me pareció un acierto pleno. Los jugadores íbamos a poder jugar a un gran catálogo de títulos con tan solo pagar una suscripción mensual. No dejaron de dar la brasa con que iba a ser el «Netflix de los videojuegos» y, en cierta manera, lo consiguieron. Os cuento por qué me he dado de baja de Xbox Game Pass.
Hablábamos de una época en la que no se acumulaban las suscripciones. Había algunas opciones, pero no eran muy numerosas y, sobre todo, eran asequibles. Era una fantástica idea a la que me sumé con alegría en cuanto estuvo disponible.
Sin embargo, los tiempos han cambiado. Hoy en día tenemos tantas suscripciones que muchos no sabemos ni a qué estamos suscritos: Netflix, HBO, Disney, Prime Video, SkyShowtime, Filmin, Apple TV, Crunchyroll, PlayStation Network, Nintendo Online, Ubisoft, EA, GTA, Xbox Game Pass… Hasta alguna cadena de cine tiene la suya propia. Sí, algunos hemos perdido la cuenta.
Y no solo eso, sino que cada vez son más caras. La palabra «asequible» dejó de ser válida para calificar a las suscripciones mensuales. La mejor opción de Netflix supera los 20 euros por bastante. Además, todas ellas hace meses que emprendieron la carrera de subir la cuota mensual y eliminar prestaciones. ¿Tenías 4K? Pues ya no. ¿Te suscribías para no tragarte anuncios? Olvídate; si no quieres verlos, tendrás que pagar más.
Game Pass está en ese agujero. Xbox nos hizo a todos la jugarreta —por no utilizar otra palabra más oportuna, pero menos elegante— al subir el precio de sus paquetes hace unos meses. Y no fue una subida pequeña: Ultimate pasó de costar unos 17 euros a valer 27 euros. Los juegos de «día uno» desaparecieron del resto de opciones y, para compensar, nos impusieron Ubisoft+ y la suscripción de Fortnite. No hay opción alguna de escoger solo Ultimate sin paVos ni Assassin’s Creed.
La nueva directiva de Xbox tiene ahora una papeleta difícil de solucionar. Y me parece a mí que no tiene demasiada idea de cómo hacerlo. Asha Sharma, la nueva CEO de la división de videojuegos de Microsoft, ha empezado a dar palos de ciego a ver si se le aparece alguna idea revolucionaria que le solucione este embrollo.
Tuve que pedir la baja de Xbox Game Pass
Por el momento, su estrategia consiste en buscar fórmulas para abaratar el pago mensual de la cuota. No parece haber encontrado ninguna eficiente o que le convenza, salvo meter anuncios. Ya sabéis: «Si queréis jugar al nuevo Fable, no os perdáis este increíble sillón de masajes que os acompañará en toda vuestra aventura por Albion». Son capaces de meter dentro del juego hasta al afilador de cuchillos que recorre nuestros barrios.
La otra solución es todavía peor. No solo no bajaría la cuota mensual, sino que seguiría con la táctica de ampliar los servicios que tan malos resultados está dando. Si no teníamos suficiente con la suscripción a Fortnite o a Ubisoft, ahora quieren negociar con Netflix para ver si sacan alguna oferta conjunta. En sus «brillantes» cabezas no se han dado cuenta de que el jugador quiere jugar, y le importa muy poco en esos momentos si puede ver la nueva temporada de Daredevil.
Microsoft está dando palos de ciego. Yo fui uno de los muchos que, con la subida de precio, decidió darse de baja del servicio. Me encantaba. Lo disfrutaba mucho. Pero no estoy dispuesto a pagar 27 euros al mes ni contratar servicios que no quiero ni pido. Por eso me di de baja de Xbox Game Pass.
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